🔄 Por qué celebrar pequeñas victorias cambia el cerebro… y la cultura

🔄 Por qué celebrar pequeñas victorias cambia el cerebro… y la cultura

Durante años, la gestión del cambio se ha centrado en estructuras, fases y planes estratégicos. Y con razón. Sin método, el cambio se dispersa.

Pero hay algo que marca la diferencia entre un cambio que se implementa y un cambio que se consolida: las pequeñas victorias.

No como gesto simbólico.
No como celebración superficial.
Sino como mecanismo biológico, psicológico y cultural.


🧭 Kotter lo anticipó: las victorias a corto plazo generan tracción

En su modelo de los 8 pasos, John Kotter señala la importancia de generar victorias visibles en el corto plazo. No es un detalle táctico. Es un acelerador estratégico.

Las victorias visibles crean credibilidad.
La credibilidad crea tracción interna.
Y la tracción convierte el cambio en cultura.

Cuando las personas perciben avances reales, el cambio deja de ser discurso y empieza a convertirse en experiencia.

Pero lo más interesante ocurre debajo de la superficie.


🧠 Neurociencia del progreso: dopamina y acetilcolina

Cada vez que reconocemos un avance, por pequeño que sea, el cerebro activa circuitos de recompensa asociados a la dopamina.

La dopamina no es solo el neurotransmisor del placer. Es el neurotransmisor de la motivación y la anticipación. Le dice al cerebro:
“vale la pena seguir”.

En contextos de transformación —donde la incertidumbre activa respuestas más conservadoras del sistema nervioso— esta señal es crucial. Reduce la percepción de amenaza y aumenta la disposición a continuar.

Pero no termina ahí.

Cuando el progreso se reconoce conscientemente y se sostiene en el tiempo, entra en juego otro neurotransmisor clave: la acetilcolina.

La acetilcolina facilita la atención, el aprendizaje y la plasticidad neuronal. Es la que permite que nuevos patrones se consoliden. Es decir:

Lo que hoy es esfuerzo, mañana puede convertirse en hábito.

La dopamina impulsa.
La acetilcolina consolida.

Y juntos permiten que el cambio no sea solo intención, sino transformación real.


🌟 Dos ejemplos reales

🔹 Fernando · Director de Operaciones

Fernando lideraba una transformación digital. El plan era sólido. Pero el equipo mostraba resistencia pasiva.

El problema no era técnico.
Era energético.

Todo estaba orientado a los grandes hitos. No había reconocimiento del progreso intermedio.

Al comenzar a visibilizar pequeñas mejoras semanales, algo cambió.

Cada logro se nombraba.
Cada avance se hacía visible.

En pocas semanas, el foco dejó de estar en la dificultad del cambio y pasó al progreso tangible.

Las victorias visibles empezaron a generar credibilidad.
La credibilidad generó tracción interna.
Y la tracción comenzó a consolidar el cambio.


🔹 Margarita · Directora de Recursos Humanos

Margarita impulsaba un cambio cultural hacia mayor autonomía.

Pero el sistema seguía reaccionando desde el miedo al error.

Se decidió entonces introducir algo clave: no solo reconocer logros, sino reflexionar conscientemente sobre ellos.

Aquí entra la acetilcolina.

Al prestar atención consciente al aprendizaje, el cerebro no solo recibía recompensa dopaminérgica; fortalecía conexiones neuronales asociadas al nuevo comportamiento.

La repetición con significado facilitaba la consolidación.

La autonomía dejaba de ser discurso.
Empezaba a ser patrón.

En este caso, la dopamina impulsó el cambio.
La acetilcolina ayudó a consolidarlo.


🎯 Conclusión

El cambio cultural no se impone.
Se entrena.
Se refuerza.
Se repite.
Se integra.

Las pequeñas victorias no solo mueven indicadores.
Reorganizan circuitos neuronales.

Cuando el cerebro aprende que el cambio no es amenaza sino progreso, la resistencia disminuye. La energía cambia. La cultura evoluciona.

Celebrar pequeñas victorias no es una estrategia motivacional superficial.
Es una estrategia de consolidación neurocultural.

 

By Amor Oliva Ramón